Parece que mi blog se está quedando abandonado. Pero no es así, cada día me acuerdo de él. Y cada día me duele más la imposibilidad que siento. No puedo decir nada. Se me ocurren mil cosas pero no puedo ponerlas por escrito.
Este es uno de mis problemas. La situación en la que me encuentro, muy difícil de describir ahora mismo, está acabando con todo lo que quiero (o quería), con todo lo que me gusta y todo lo que me hacía ser yo. Y así no me quedan ganas para escribir.
Cuando el cansancio físico te supera hasta este punto, lo último que puede hacer un escritor es sentarse a escribir, porque hasta pensar le cuesta. Yo he intentado hacer de esta situación un tema para mis "relatos", pero sé que no ha sido una buena idea.
Aún así, quiero dejar constancia de ella.
domingo, 10 de febrero de 2008
domingo, 3 de febrero de 2008
10 razones para amarte
Aunque me lo hayas preguntado varias veces y yo te haya dado alguna posible respuesta, la verdad es que nunca me he parado a pensar fríamente qué es lo que me hace estar completamente loca por ti. A veces se me ha pasado por la cabeza una idea, pero todavía no ha llegado el momento de decirlo todo con palabras.
Intentaré que sea este el momento, aunque lo primero que se me ha venido a la cabeza al pensar por qué te quiero, ha sido una excusa para no pensar (vaga por naturaleza) y es que te quiero. Y ya está. No necesita explicaciones. Y yo tampoco se las encuentro. Confío plenamente en mis sentimientos y estoy segura de ellos.
Cuando estás plenamente convencido de algo no te preguntas el porqué. Pero sacaré mi lado científico (más bien lo desenterraré porque creo que pasó a mejor vida) e intentaré buscarle explicaciones a lo que siento. E intentaré ponerlo con palabras.
Y esto es todo lo que tengo que decir: que no encuentro palabras, porque creo que no se ha inventado aún la palabra que defina todo lo que se me pasa por la cabeza cuando pienso en ti.
Igual me propongo el inventarla. ¡Qué gran aportación a la cultura universal! Una palabra que encierre en sí misma el sentido de que estoy absolutamente loca por ti, que estás presente en cada momento de mi vida, que creo que jamás podré encontrar a nadie más perfecto para mi, que eres mucho más de lo que yo pude imaginar, que cada día me sorprendes más, y además para bien, que nunca me canso de ti, que siempre quiero más, que siento que estamos muy bien comunicados y que por eso tú me entiendes, que me quieres, claro, eso también me hace quererte cada día más y más, pero sobre todo, que nunca había llorado por nadie de felicidad.
Intentaré que sea este el momento, aunque lo primero que se me ha venido a la cabeza al pensar por qué te quiero, ha sido una excusa para no pensar (vaga por naturaleza) y es que te quiero. Y ya está. No necesita explicaciones. Y yo tampoco se las encuentro. Confío plenamente en mis sentimientos y estoy segura de ellos.
Cuando estás plenamente convencido de algo no te preguntas el porqué. Pero sacaré mi lado científico (más bien lo desenterraré porque creo que pasó a mejor vida) e intentaré buscarle explicaciones a lo que siento. E intentaré ponerlo con palabras.
Y esto es todo lo que tengo que decir: que no encuentro palabras, porque creo que no se ha inventado aún la palabra que defina todo lo que se me pasa por la cabeza cuando pienso en ti.
Igual me propongo el inventarla. ¡Qué gran aportación a la cultura universal! Una palabra que encierre en sí misma el sentido de que estoy absolutamente loca por ti, que estás presente en cada momento de mi vida, que creo que jamás podré encontrar a nadie más perfecto para mi, que eres mucho más de lo que yo pude imaginar, que cada día me sorprendes más, y además para bien, que nunca me canso de ti, que siempre quiero más, que siento que estamos muy bien comunicados y que por eso tú me entiendes, que me quieres, claro, eso también me hace quererte cada día más y más, pero sobre todo, que nunca había llorado por nadie de felicidad.
viernes, 1 de febrero de 2008
HACE MUCHO, MUCHO TIEMPO…
… cuando madrugaba los domingos sin ningún motivo más allá de pasarme toda la mañana viendo los dibujos, cuando los fines de semana se presentaban como un montón de horas para hacer un montón de cosas, cuando disfrutaba de las tardes libres de los viernes por ley, era cuando me deleitaba con los desayunos dominicales.
El domingo era uno de mis días favoritos de la semana, solo por el hecho del desayuno. Ese día desayunábamos en familia, sobre las nueve de la mañana. Mi madre preparaba zumo de naranja natural para todos. Una buena taza para cada uno. Y mi padre bajaba a la pastelería a comprar el pastel preferido de cada uno: Suizos para mamá, bamba de nata para papá, y para mi, una ensaimada.
Entonces nos sentábamos todos juntos en la mesa de la cocina, y disfrutábamos de todos esos manjares sólo posibles en domingo.
Con la edad, esta tradición se fue perdiendo. Empecé a salir los sábados, y eso hizo que pocos fines de semana después ya no fuera capaz de madrugar. Las mañanas de domingo se habían perdido para mi. Tanto tiempo desaprovechado…
Con la universidad vino una pequeña vuelta a la tradición, pero lejos de mis padres, claro. Ahora el desayuno era bastante parecido, pero la compañía totalmente diferente. Ahora desayunaba rodeada de gente a la que acababa de conocer, y con la que tenía que convivir durante un año.
Este hecho unido a las salidas nocturnas, de nuevo, volvió a acabar con mis mañanas de domingo. Hasta hoy. Hoy he madrugado (ahora mismo son las 10 de la mañana y he hecho todo lo que os relataré a continuación), he bajado a por el periódico (costumbre adquirida en mi año de residencia y perdida cuando me pasé al piso de estudiantes) y he pasado por la pastelería a comprar un trozo de bizcocho de chocolate. He subido a casa, he dejado el periódico sobre la mesa del salón y he ido a la cocina a preparar mi té, en sustitución al ya olvidado por completo colacao, y he puesto mi trozo de bizcocho sobre un plato. En el salón he encendido la tele, que en nada se parece ya a aquella que acompañaba mis ensaimadas, con pocas cadenas pero repletas de series de dibujos, he puesto un programa de cocina por la costumbre de ver la sexta y he dado la vuelta al periódico para leerlo desde el final, porque creo que ahí empieza lo verdaderamente interesante. (Si nunca me interesó la política, mucho menos las páginas que hablan de ella). Entrevista a Labordeta, cuotas de pantalla, la muerte de Heath Ledger (he aprendido a escribir su nombre el mismo día que él aprendió a olvidar sus problemas) deportes, artículos culturales sobre nuevos libros (parece interesante el último libro de Pérez Reverte) sobre arquitectura (¿habéis visto el teatro de Sagunto?) pasatiempos, tiras cómicas…
Y ahora estoy sentada frente a mi ordenador con la energía suficiente para afrontar un domingo de encierro y de estudio.
Salamanca, a 27 de enero de 2008
El domingo era uno de mis días favoritos de la semana, solo por el hecho del desayuno. Ese día desayunábamos en familia, sobre las nueve de la mañana. Mi madre preparaba zumo de naranja natural para todos. Una buena taza para cada uno. Y mi padre bajaba a la pastelería a comprar el pastel preferido de cada uno: Suizos para mamá, bamba de nata para papá, y para mi, una ensaimada.
Entonces nos sentábamos todos juntos en la mesa de la cocina, y disfrutábamos de todos esos manjares sólo posibles en domingo.
Con la edad, esta tradición se fue perdiendo. Empecé a salir los sábados, y eso hizo que pocos fines de semana después ya no fuera capaz de madrugar. Las mañanas de domingo se habían perdido para mi. Tanto tiempo desaprovechado…
Con la universidad vino una pequeña vuelta a la tradición, pero lejos de mis padres, claro. Ahora el desayuno era bastante parecido, pero la compañía totalmente diferente. Ahora desayunaba rodeada de gente a la que acababa de conocer, y con la que tenía que convivir durante un año.
Este hecho unido a las salidas nocturnas, de nuevo, volvió a acabar con mis mañanas de domingo. Hasta hoy. Hoy he madrugado (ahora mismo son las 10 de la mañana y he hecho todo lo que os relataré a continuación), he bajado a por el periódico (costumbre adquirida en mi año de residencia y perdida cuando me pasé al piso de estudiantes) y he pasado por la pastelería a comprar un trozo de bizcocho de chocolate. He subido a casa, he dejado el periódico sobre la mesa del salón y he ido a la cocina a preparar mi té, en sustitución al ya olvidado por completo colacao, y he puesto mi trozo de bizcocho sobre un plato. En el salón he encendido la tele, que en nada se parece ya a aquella que acompañaba mis ensaimadas, con pocas cadenas pero repletas de series de dibujos, he puesto un programa de cocina por la costumbre de ver la sexta y he dado la vuelta al periódico para leerlo desde el final, porque creo que ahí empieza lo verdaderamente interesante. (Si nunca me interesó la política, mucho menos las páginas que hablan de ella). Entrevista a Labordeta, cuotas de pantalla, la muerte de Heath Ledger (he aprendido a escribir su nombre el mismo día que él aprendió a olvidar sus problemas) deportes, artículos culturales sobre nuevos libros (parece interesante el último libro de Pérez Reverte) sobre arquitectura (¿habéis visto el teatro de Sagunto?) pasatiempos, tiras cómicas…
Y ahora estoy sentada frente a mi ordenador con la energía suficiente para afrontar un domingo de encierro y de estudio.
Salamanca, a 27 de enero de 2008
domingo, 20 de enero de 2008
¿Sabías que...
Palabras como amateur, chef, hotel, carnet, debut, elite, menú, ordenador o peluche son galicismos, es decir, son palabras que hemos adoptado desde la lengua francesa?
Palabras como bar, beicon, blog, celebrity, fútbol, gay, gol, hobby, jazz, ketchup, líder, mail, pantis, parking, sándwich, snak, surf,, son anglicismos, es decir, son palabras que hemos adoptado desde la lengua inglesa?
Palabras como aceituna, ajedrez, albañil, alcalde, almohada, bellota, cero, guitarra, naranja, ojalá, zagal, son arabismos, es decir, palabras que hemos adoptado desde la lengua árabe?
Palabras como blanco, cuarzo, escanciar, espuela, guante, guerra, rico, rueca, yelmo, zeppelín, son germanismos, es decir, palabras que hemos adoptado desde la lengua alemana?
Palabras como atacar, capricho, coronel, escuadrón, esdrújulo, lira, novela, piloto, silva, soldado, soneto, novela, son italianismos, es decir, palabras que hemos adoptado desde la lengua italiana?
Palabras como carabela, caramelo, chubasco, mejillón, mermelada, ostra, son lusitanismos, es decir, palabras que hemos adoptado desde la lengua portuguesa?
Palabras como alioli, anís, butifarra, capicúa, entremés, forastero, paella, son catalanismos, es decir, palabras que hemos adoptado desde la lengua catalana?
El intercambio cultural entre hablantes de distintas lenguas, entre habitantes de distintos lugares… se ha venido haciendo desde hace muchos siglos. Cerrarse a otras culturas es dar muerte a la tuya propia. O, ¿acaso nuestra rica lengua española sería la misma sin esas y otras muchísimas palabras que no nacieron aquí?
Palabras como bar, beicon, blog, celebrity, fútbol, gay, gol, hobby, jazz, ketchup, líder, mail, pantis, parking, sándwich, snak, surf,, son anglicismos, es decir, son palabras que hemos adoptado desde la lengua inglesa?
Palabras como aceituna, ajedrez, albañil, alcalde, almohada, bellota, cero, guitarra, naranja, ojalá, zagal, son arabismos, es decir, palabras que hemos adoptado desde la lengua árabe?
Palabras como blanco, cuarzo, escanciar, espuela, guante, guerra, rico, rueca, yelmo, zeppelín, son germanismos, es decir, palabras que hemos adoptado desde la lengua alemana?
Palabras como atacar, capricho, coronel, escuadrón, esdrújulo, lira, novela, piloto, silva, soldado, soneto, novela, son italianismos, es decir, palabras que hemos adoptado desde la lengua italiana?
Palabras como carabela, caramelo, chubasco, mejillón, mermelada, ostra, son lusitanismos, es decir, palabras que hemos adoptado desde la lengua portuguesa?
Palabras como alioli, anís, butifarra, capicúa, entremés, forastero, paella, son catalanismos, es decir, palabras que hemos adoptado desde la lengua catalana?
El intercambio cultural entre hablantes de distintas lenguas, entre habitantes de distintos lugares… se ha venido haciendo desde hace muchos siglos. Cerrarse a otras culturas es dar muerte a la tuya propia. O, ¿acaso nuestra rica lengua española sería la misma sin esas y otras muchísimas palabras que no nacieron aquí?
sábado, 19 de enero de 2008
Con una cama vacía
Me encanta estar contigo. Podría pasarme la eternidad a tu lado, y aún así me quedaría con ganas de ti.
Todavía no sé como llevar tu ausencia. Lo peor de quererte tanto es llegar a casa y ver mi cama vacía, con las sábanas revueltas que (sí, lo he comprobado) aún huelen a ti.
Y con la insoportable compañía de tu olor, que me recuerda constantemente que no estás conmigo, tendré que dormir todas las noches hasta la próxima, la que vuelva a pasar contigo.
Todavía no sé como llevar tu ausencia. Lo peor de quererte tanto es llegar a casa y ver mi cama vacía, con las sábanas revueltas que (sí, lo he comprobado) aún huelen a ti.
Y con la insoportable compañía de tu olor, que me recuerda constantemente que no estás conmigo, tendré que dormir todas las noches hasta la próxima, la que vuelva a pasar contigo.
miércoles, 16 de enero de 2008
Yo sé usar mi lengua... ¿y tú?
Sí, lo confieso, yo escribí "calló", del verbo caer; y también fui la que hasta hace poco escribía "revelde" y se quedaba tan alegre, o escribía "sobretodo". Y soy también una gran escritora de "extrangero".
Pero eso no me priva del derecho de animaros a ser como yo, no en cuanto a cometer faltas de ortografía, que sinceramente, nadie es perfecto, y a todos se nos escapa alguna, sino en cuanto al interés por el arte de la escritura.
Digo bien, el arte de la escritura. Sentíos privilegiados por saber escribir, ya que hasta no hace mucho, esta habilidad era digna sólo de unos pocos. Y, sobre todo (ya lo escribo siempre bien), aprended a escribir.
Tenemos en nuestras manos (nunca mejor dicho) un arma muy valiosa. Por un lado, valiosa en el sentido de útil y eficaz: la comunicación es impresncindible para la persuasión, y la persuasión es la victoria. Por otro, valiosa en el sentido de incalculable valor. El español o castellano, como vosotros prefiráis llamarlo, es una de las lenguas más ricas en cuanto a historia, a desarrollo y sobre todo a producción. Nuestra literatura es un pilar muy importante dentro de la literatura universal. Pero este será tema para otro artículo posterior, ya que ese encabezamiento puede dar pié a miles y miles de líneas.
En definitiva, lo que hoy inauguro es un pequeño espacio dentro de mi blog que pretende hacer homenaje a mi lengua materna, la lengua española. Desde aquí intentaré despertar en vosotros la curiosidad por ciertos aspectos de la lengua en general, ya sean propiamente lingüísticos, del ámbito de la literatura o de cualquier otra cosa. Intentaré mostraros por qué algo tan aburrido para unos puede ser fascinante para otros e intentaré, claro está, fascinaros.
Por cierto, se admiten comentarios con sugerencias en este campo.
Pero eso no me priva del derecho de animaros a ser como yo, no en cuanto a cometer faltas de ortografía, que sinceramente, nadie es perfecto, y a todos se nos escapa alguna, sino en cuanto al interés por el arte de la escritura.
Digo bien, el arte de la escritura. Sentíos privilegiados por saber escribir, ya que hasta no hace mucho, esta habilidad era digna sólo de unos pocos. Y, sobre todo (ya lo escribo siempre bien), aprended a escribir.
Tenemos en nuestras manos (nunca mejor dicho) un arma muy valiosa. Por un lado, valiosa en el sentido de útil y eficaz: la comunicación es impresncindible para la persuasión, y la persuasión es la victoria. Por otro, valiosa en el sentido de incalculable valor. El español o castellano, como vosotros prefiráis llamarlo, es una de las lenguas más ricas en cuanto a historia, a desarrollo y sobre todo a producción. Nuestra literatura es un pilar muy importante dentro de la literatura universal. Pero este será tema para otro artículo posterior, ya que ese encabezamiento puede dar pié a miles y miles de líneas.
En definitiva, lo que hoy inauguro es un pequeño espacio dentro de mi blog que pretende hacer homenaje a mi lengua materna, la lengua española. Desde aquí intentaré despertar en vosotros la curiosidad por ciertos aspectos de la lengua en general, ya sean propiamente lingüísticos, del ámbito de la literatura o de cualquier otra cosa. Intentaré mostraros por qué algo tan aburrido para unos puede ser fascinante para otros e intentaré, claro está, fascinaros.
Por cierto, se admiten comentarios con sugerencias en este campo.
martes, 15 de enero de 2008
Exámenes
Otras veces los exámenes se presentan como una liberación. Que lleguen los exámenes significa que una etapa se acaba, un cuatrimestre, un curso si estás en septiembre. Llega un mes, tres semanas, el tiempo que le lleve a cada uno prepararlos de estrés continuo, de angustia y nervios, pero… es eso, sólo unos días. Luego pasa, y se acabó. Vuelta a la tranquilidad (sobre todo si los resultados son buenos).
Pero esto sólo suele pasar cuando tus exámenes están preparados y tú estás preparada para ellos. En este caso, esta no es mi situación. He vivido un cuatrimestre que bien se podría comparar al primero de segundo de carrera, de resultados desastrosos (en aquel caso excusados por una enfermedad) (aunque puede que en este caso también se pueda excusar con otra, al fin y al cabo la locura de amor también puede considerarse una enfermedad), con la diferencia de que este año me ha salvado el haber empezado el último año de mi carrera con ganas, lo que hizo que para cuando me volví vaga, muchas de las cosas ya las tenía adelantadas.
Pero muchas otras no, y es aquí cuando me arrepiento, aunque… no del todo. No es un arrepentimiento absoluto. He perdido mucho tiempo, sí, he faltado a muchas clases sí, pero sinceramente, prefiero pensar que ha sido por haber compartido unos días maravillosos con una persona maravillosa que por haber tenido que quedarme en una cama muerta del asco.
Sí, es cierto mamá, estas navidades no he dado palo al agua, pero no siento que haya perdido el tiempo. Tal vez me arrepienta de estas palabras en verano, en agosto, cuando tienes que empezar a ir a la biblioteca a prepararte las asignaturas que tienes para septiembre (mi récord está en aquel segundo de carrera, con cuatro asignaturas como cuatro soles veraniegos para septiembre), pero ahora mismo, no sé si a causa del amor o de… la dejadez absoluta en la que me veo inmersa, no me preocupan para nada mis exámenes, cosa que me asombra, puesto que yo siempre había vivido por y para mis estudios.
Por un lado me siento bastante confiada, la verdad es que las asignaturas que tengo que estudiar de esta vez no se caracterizan por ser las más complicadas de la carrera, y por otro, me apetece que me quede alguna para el verano (aunque no empecemos a suspender tan pronto, que todavía queda historia de la lengua) así ya habrá dos cosas que me aten a mi personalmente a Zamora este verano, y una razón para que mis padres no me ofrezcan planes altamente apetecibles que encantada sacrificaría para quedarme en la ciudad que más odio en verano, que dejaré de odiar si tú te quedas conmigo.
¡Esto es asqueroso! Intentaba no hablar de amor, esto no es una “cursilada”, pero… debe ser que “love is in the air”, porque por todas partes me sales…
Al fin y al cabo “todo gira en torno a ti”.
Pero esto sólo suele pasar cuando tus exámenes están preparados y tú estás preparada para ellos. En este caso, esta no es mi situación. He vivido un cuatrimestre que bien se podría comparar al primero de segundo de carrera, de resultados desastrosos (en aquel caso excusados por una enfermedad) (aunque puede que en este caso también se pueda excusar con otra, al fin y al cabo la locura de amor también puede considerarse una enfermedad), con la diferencia de que este año me ha salvado el haber empezado el último año de mi carrera con ganas, lo que hizo que para cuando me volví vaga, muchas de las cosas ya las tenía adelantadas.
Pero muchas otras no, y es aquí cuando me arrepiento, aunque… no del todo. No es un arrepentimiento absoluto. He perdido mucho tiempo, sí, he faltado a muchas clases sí, pero sinceramente, prefiero pensar que ha sido por haber compartido unos días maravillosos con una persona maravillosa que por haber tenido que quedarme en una cama muerta del asco.
Sí, es cierto mamá, estas navidades no he dado palo al agua, pero no siento que haya perdido el tiempo. Tal vez me arrepienta de estas palabras en verano, en agosto, cuando tienes que empezar a ir a la biblioteca a prepararte las asignaturas que tienes para septiembre (mi récord está en aquel segundo de carrera, con cuatro asignaturas como cuatro soles veraniegos para septiembre), pero ahora mismo, no sé si a causa del amor o de… la dejadez absoluta en la que me veo inmersa, no me preocupan para nada mis exámenes, cosa que me asombra, puesto que yo siempre había vivido por y para mis estudios.
Por un lado me siento bastante confiada, la verdad es que las asignaturas que tengo que estudiar de esta vez no se caracterizan por ser las más complicadas de la carrera, y por otro, me apetece que me quede alguna para el verano (aunque no empecemos a suspender tan pronto, que todavía queda historia de la lengua) así ya habrá dos cosas que me aten a mi personalmente a Zamora este verano, y una razón para que mis padres no me ofrezcan planes altamente apetecibles que encantada sacrificaría para quedarme en la ciudad que más odio en verano, que dejaré de odiar si tú te quedas conmigo.
¡Esto es asqueroso! Intentaba no hablar de amor, esto no es una “cursilada”, pero… debe ser que “love is in the air”, porque por todas partes me sales…
Al fin y al cabo “todo gira en torno a ti”.
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